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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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EL CIELO
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Hay tres cielos

29. Hay tres cielos y estos enteramente distintos entre sí; el íntimo o tercero, el intermedio o segundo y el extremo o primero; estos se siguen y subsisten el uno por el otro como la parte superior del hombre, llamada cabeza, su parte intermedia, llamada cuerpo, y sus extremos llamados pies; o como la parte superior de una casa, su parte intermedia y su parte baja; en tal orden se halla también lo Divino que procede y desciende del Señor. Así es que por necesidad del orden, el cielo se halla tripartido.

30. Las cosas interiores del hombre, que son las de su mente y de su alma se hallan también en parecido orden; hay en ellos un íntimo, un intermedio y un último; porque en el hombre al ser creado le fueron concentradas todas las cosas del Divino orden, hasta el punto de ser hecho Divino orden en forma, y por consiguiente un cielo en miniatura.  A consecuencia de esto el hombre se halla en comunicación con el cielo y después de la muerte viene entre los ángeles; entre los ángeles del íntimo cielo, del intermedio o del último según y conforme el recibimiento del Divino bien y verdad del Señor mientras vive en el mundo.

31. Lo Divino que del Señor influye en el tercer cielo o sea en el íntimo, y es recibido allí, se llama celestial, y por consiguiente los ángeles que viven allí se llaman ángeles celestiales. Lo Divino que del Señor influye y es recibido en el segundo cielo, o sea en el intermedio, se llama espiritual, y por consiguiente los ángeles que viven allí, ángeles espirituales; y lo Divino que del Señor influye y es recibido en el último, o sea en el primer, cielo se llama natural; pero puesto que lo natural de este cielo no es como lo natural del mundo, sino que encierra en sí lo espiritual y lo celestial, por ello este cielo se llama espíritu-celeste-natural, y los ángeles que allí viven espíritu-celeste-naturales; espíritu-naturales se llaman aquellos que reciben en sí el influjo por el cielo intermedio, o sea el segundo, cielo, el cual es el cielo espiritual; y celeste-naturales se llaman aquellos que reciben el influjo por el tercer cielo, o sea el cielo íntimo, el cual es el cielo celestial. Los ángeles espíritu-naturales y celeste-naturales se hallan separados entre sí; pero constituyen, sin embargo, un solo cielo, puesto que se hallan en un mismo grado.

32. En cada uno de los cielos hay un interior y un exterior; los que están en el interior se llaman allí ángeles interiores, y los que están en el exterior, ángeles exteriores. El interior y el exterior en el cielo o sea en cada uno de los cielos, son como lo voluntario y lo intelectual en el hombre; el interior como lo voluntario y el exterior como lo intelectual. Todo cuanto hay en la región de la voluntad tiene su correspondiente parte intelectual; no puede haber uno sin el otro. Comparativamente, lo voluntario es como la llama, y su correspondiente intelectual como la luz de esta.

33. Importa saber cuales son las cosas interiores que en los ángeles determinan su residencia en uno o en otro cielo: porque cuanto más íntimamente están abiertos al Señor, en tanto más interior cielo residen. Tres grados hay de cosas interiores en cada uno; tanto en el ángel como en el espíritu y también en el hombre. Aquellos a quienes el tercer grado está abierto están en el íntimo cielo; aquellos a quienes el segundo o tan sólo el primer grado está abierto están en el cielo intermedio o en el último. Los (grados) interiores se abren mediante recibimiento del Divino bien y de la Divina verdad. Los que se afectan por las Divinas verdades, admitiéndolas directamente en su vida, es decir en la voluntad y de ahí en obras, están en el íntimo cielo, o sea en el tercero, y están allí con arreglo al recibimiento del bien por inclinación a la verdad; por otra parte, los que no las admiten inmediatamente en la voluntad, sino en la memoria y de allí en el entendimiento, y que por ello las quieren y las hacen, éstos están en el cielo intermedio o sea en el segundo; mientras que los que observan la moralidad en su vivir y creen en lo Divino, sin empeñarse en ser instruidos, están en el último cielo o sea en el primero.1 Por esto puede ser claro que el estado interior hace el cielo, y que el cielo se halla dentro de cada uno y no fuera de él; lo cual también el Señor enseña, diciendo:

El reino de Dios no viene con advertencia; no dirán helo aquí, 6 helo allí, porque he aquí, el reino de Dios está dentro de vosotros (Lucas 17: 20, 21).

34. Además toda perfección aumenta hacia los interiores y disminuye hacia los exteriores, puesto que los interiores están más próximos a lo Divino, y son en sí mismos más puros, mientras que los exteriores están más lejanos de lo Divino y son en sí mismos menos puros.  La perfección de los ángeles consiste en inteligencia, sabiduría, amor y en todo bien, y por ello en felicidad; pero no en felicidad sin aquellos, porque sin ellos la felicidad es exterior y no interior. Por estar el interior de los ángeles del íntimo cielo abierto hasta el tercer grado, la perfección de estos excede inmensamente a la perfección de los ángeles del cielo intermedio, cuyo interior está abierto hasta el segundo grado. De igual manera la perfección de los ángeles del cielo intermedio excede a la perfección de los ángeles del último cielo.

35. Por haber tal diferencia no pueden los ángeles de uno de los cielos entrar entre los ángeles de otro cielo, es decir, que nadie puede subir desde un cielo inferior y nadie descender desde un cielo superior; el que ascienda desde un cielo inferior siente angustia hasta el tormento, y no puede ver a los que están allí, menos aún habitar con ellos; y el que desciende desde un cielo superior pierde su sabiduría, balbucea y se siente invadido de desesperación. Hubo algunos del último cielo quienes, no teniendo aún conocimiento de que el cielo consiste en las cosas interiores del ángel, creían que gozarían de la suma felicidad celestial con tan sólo entrar en el cielo donde viven estos ángeles; les fue también permitido entrar entre ellos; pero cuando llegaron allí, a nadie vieron por más qué buscaron, a pesar de haber allí una grande multitud; porque los interiores de los recién venidos no estaban abiertos hasta el grado en que estaban los interiores de los ángeles que vivían allí, por consiguiente tampoco la vista, y poco después experimentaron una angustia de corazón, tal que no sabían si estaban o no estaban con vida, por lo cual se fueron rápidamente de allí al cielo a que pertenecían, contentísimos de entrar entre los suyos, prometiéndose no anhelar en adelante cosas más elevadas que las que concordaban con su vida. Vi también algunos que fueron descendidos del cielo superior y privados de su sabiduría hasta el punto de no saber de que naturaleza era su cielo. Otra cosa sucede cuando el Señor eleva a alguien desde un cielo inferior a un cielo superior, con el fin de que vea la gloria que allí hay, lo cual sucede a menudo; entonces son preparados de antemano y bien circundados por ángeles intermedios, por quienes se efectúa la comunicación. Es por lo tanto claro y evidente que estos tres cielos son entre sí enteramente distintos.

36. Por otra parte, aquellos que viven en un mismo cielo pueden tener trato allí como cualquiera, siendo sin embargo el goce del trato según las afinidades del bien en el cual se hallan. Más se dirá sobre esto en los artículos que siguen.

37. A pesar de que los cielos son tan distintos que los ángeles de uno de ellos no pueden tener trato con los ángeles de otro, el Señor une sin embargo a los cielos por influjo directo é indirecto; por influjo directo de Sí mismo une todos los cielos y por influjo indirecto, un cielo a otro. Así hace que los tres cielos forman uno, y que todos se hallan unidos desde lo primero hasta lo último tanto que nada hay que esté incomunicado; lo que no se halla en comunicación con lo primero por conducto de intermedios tampoco subsiste, sino que se disuelve y es aniquilado.

38. Él que no conoce el Divino orden con respecto a los grados no puede saber de que manera se distinguen los cielos, ni siquiera lo que es el hombre exterior y el hombre interior. La mayoría en el mundo tiene de las cosas interiores y exteriores, o sea superiores e inferiores, la idea de que son cosas continuas o coherentes por continuidad, desde un más puro a un más grueso; pero las cosas interiores y exteriores no tienen relación por continuidad sino distintamente. Hay dos clases de grados, hay grados continuos y hay grados no continuos. Los grados continuos son como los grados de la disminución de la luz desde la llama hasta la oscuridad, o como los grados de la disminución de la vista desde los objetos que se hallan en la luz hasta aquellos que están en la sombra, o como los grados de la pureza de la atmósfera desde su base hasta su extrema altura. Las distancias determinan estos grados. Los grados no continuos, o discretos, se distinguen como lo anterior y lo posterior, como causa y efecto, y como lo producente y lo producido. Él que investiga verá, que en el mundo entero y en cada detalle del mismo, cualesquiera que sean las cosas, hay grados en su producción y composición de tal carácter que de lo primero viene un segundo, de este un tercero, y así sucesivamente. Él que no se forma idea clara de estos grados no puede en manera alguna saber distinguir entre los cielos, ni entre lo interior y lo exterior del hombre, ni entre el mundo espiritual y el mundo natural, tampoco puede distinguir entre el espíritu del hombre y su cuerpo y por consiguiente tampoco puede entender lo que son correspondencias y representaciones y de donde proceden, ni lo que es influjo. Los hombres sensuales no entienden estas distinciones, porque se figuran que también según estos grados distintos los aumentos y las disminuciones son continuos; por lo tanto no pueden concebir lo espiritual sino como un natural más puro; por lo cual también se hallan en las afueras y muy lejos de la inteligencia.

39. Para concluir, se puede referir cierto arcano, referente a los ángeles de los tres cielos, cuyo arcano hasta ahora a nadie ha venido a la mente por no haber comprendido los grados; es decir, que en cada ángel y también en cada hombre hay un grado íntimo o superior, o sea algo sumamente íntimo y supremo, en lo cual lo Divino del Señor influye en primer lugar, y más directamente, desde lo cual dispone las demás cosas interiores, las cuales luego siguen en él con arreglo a los grados del orden. Este algo sumamente íntimo o supremo puede llamarse la entrada del Señor en el ángel y en el hombre, y también Su propia morada en ellos. Por este íntimo y supremo, el hombre es hombre y se distingue del bruto, porque este no tiene aquello. De aquí viene que el hombre, con diferencia del animal, puede con respecto a sus cosas interiores, que son las de su mente y alma, ser elevado por el Señor hacia Él; puede creer en Él, sentir amor por Él, y de esta manera verle a Él; y puede recibir entendimiento y sabiduría y hablar mediante la razón; de allí viene también el que pueda vivir eternamente. Pero lo que el Señor dispone y provee en aquella parte íntima o suprema no influye de una manera perceptible por ángel alguno, puesto que esto está por encima de su pensar y excede a su sabiduría.

40. Estas son por ahora las verdades generales con respecto a los tres cielos. En lo que sigue se hablará de cada uno de los cielos especialmente.

El siguiente capítulo[6] §§ 41—50 Los cielos se componen de innumerables sociedades

El capítulo previo [4] §§ 20—28 El Cielo está dividido en dos reinos